-¿De dónde vienes, Leonardo?-
-Sí, vengo del pasado, en principio, podemos resumir que llevo unos años ya viviendo en Almería, pero no es todo así, nací en Linares, un entorno sencillo, normal, sin ningún tallo de alevosía-.
-Te creo, Leonardo… ¿Acaso crees que no expresas sinceridad?-
-Buah, yo pienso demasiado sobre todas las cosas y, demasiado poco si concretamos algo determinado-dijo Leonardo con aire de expresar a penas nada, queriendo o sintiendo necesitar hacer saber o demostrar mucho o indefinido más.
-Este diálogo entre una misma persona, subdividida en dos, o en varias, no es interesante, prefiero un personaje casi que real, que no vacile de tan poco y no sienta su respuesta de forma más enrevesada y al mismo tiempo, más coherente.- Expresó el señor rui-consciente Luis, alzando un tanto sus extremidades aéreas.
-De hecho, ahora mismo estoy barajando la posibilidad de desnudarme ante un cruel mundo, usar sus ojos como óvalos que en un futuro próximo utilizaré para que cuando los pise, me impulsen hacia arriba: up in the air hasta que nada ni nadie pueda considerar su mirada como significante, ni medio de etiquetación. Para carpinteros y verderones, es obvio, seré pariente. Es posible me acompañen en mi primer alza. Aunque después de ello, sólo mi abuelo el católico, o franquista, o no sé cuál etiqueta, pero ninguna buena…mantendrá el equilibrio al vuelo, camino al piño, sin pavor ¿que por qué? No lo sé…supongo que lo que hizo en su vida nunca se equiparó a lo que en aquellas circunstancias y en esos desfigurados días, tales orcos machistas, verdes, altos y robustos, de cuerpo, quiero decir, porque de mente, escuetos, no diferenciarían de religión a ética, no lo harían aunque se nutrieran del alimento que más repugna les provocaba, y así, vivían de forma sólida, estable, e imponían su ley, no porque sí, realmente por alguna razón de peso en ellos valía lo suficiente como para arraigarla durante tal extensión y así prolongar su aura tocando casi el centenario, aunque fuera a puro dolor.-
-Luis, tú has vivido menos, por tus hechos, que por tus percepciones. Creo, has elegido unos caminos ociosos, buscando aquella felicidad dulce, conformista. Pero ahora te han dolido las muelas, estoy al tanto. Aplica clavo entre ambas tierras, y calmarás la discrepancia. Ya creo, que el dolor te ha dado clases prácticas de algunos créditos, aunque sean de experiencia y no de clientes. Y de esta conversación, por favor, nunca digas nada. No soportaría un solo comentario a chance. Los clientes no deberían valorar menos este diálogo, que de verlo bien, monólogo, pero ahora mismo, tú descansabas hace una hora (no más), y abusando de comas, escribes subconsciente puro, de la forma más extraña y subjetiva que lleva a tu corazón, donde ventrículos mueven un contrasentido de flujo entrambas cañerías. Considero parado el sistema de control de los mismos… hace poco leyendo La Náusea, detesté un sentimiento clave, un sentimiento poderoso. Te sientes señor, don, por tus finas manos y aunque careciendo de alto talante, alguno de tus ademanes es creíble, y no obstante, empiezas a unir cabos.-
-¿Los prejuicios, dices?- Cuestiona con una real embriaguez, cerrando, a menudo, sus ojillos, hipnotizados, buscadores de una botella que más de agua fuese de vida.
-Los tópicos, los prejuicios, las hipótesis que por necesidad de calma aceptaste como ciertas y nunca volviste a preguntarte. Tu abuelo tuvo una gran descendencia y tú eso, nunca lo has admirado. Impaciente, espero el día en que soportes la muerte de tu primer proyecto de hijo, de tu primer hijo, de tu segundo, del tercero, no te canses pues viene el cuarto, y el quinto, ¿descansas poco? Porque ha llegado el quinto, y descuida, sin protección, está por venir el sexto, el séptimo y el octavo, pero basta. Necesito reflexionar, no es fácil, yo era joven, tú conmigo también. Pensar que lo podrías valorar comprensivamente no iba a ser tarea simple. Ahora estás temblando, ¿has conspirado demasiado? Probablemente has sido injusto, no lo conociste ni él te conoció… ¿lo sigues mal-juzgando? Juegas como si fueras niño. Qué tontería, lo eres, rotundamente. Para él, seguro.-
Ahora no sé qué contestarme, ya casi que de tanta vida, mi borrachera ha bajado, estoy sensato, tanto que no puedo aspirar a más que ir a la cama. Esto de hablar con uno mismo te da dolor de cabeza. Es broma, a mí nunca me ha dañado lo suficiente el sentirme raro. Pero en limpio sí que he captado una Cosa: He sido infeliz porque la incultura sumada a la ignorancia fueron sedantes de mi época adolescencia-juvenil. Ahora creo que, tras liberarme con el sueño, seré más real, no podré fingir que he hablado esto, aunque sea con el espejo. Y valoraré o modificaré concretamente un prejuicio. Mi abuelo Joaquín no lo conocí, y aunque poseo alguna información retorcida, no viví la época, no puedo abrir un cráneo sin matar a nadie, donde además de entrar en su interior (minimizándome) navegaría por el mar de su alma y mente, si acaso no significan lo mismo. Y daría con la verdad de uno, y con la del otro. Sería libre, y feliz. Lo estaré porque lo he pensado. Pero nunca será así porque no ha sucedido. Yo me pruebo, pruébate tú y comprenderás de qué platico.
27/02/2010 – 06:11h
No hay comentarios:
Publicar un comentario