lunes, 17 de junio de 2013

Valle de los Versos Caídos

La mañana se torna a un ruido prohibido que me hace despertar malhumorado. Es una amiga que viene ha darme unos apuntes que no le sirven porque aprobó lo que yo suspendí. Desayuné, vagancia, limpié las chanclas, agotado, terminé un ejercicio de contabilidad, me visto y, por último, marcho rumbo la dentista que espera terminar la endodoncia que empezó no hace mucho. Se humedece la piel, se derrite el horizonte, a medio día hay poca sombra. Llego y tras dos horas salgo harto de aguantar la misma postura y boca abierta. De no ser por el calor que pegaba el sol, había resucitado y tenía ganas de volar. Vuelo y llego a casa. Me dejo ropa ligera y lo demás sobra. Debo hacer más ejercicios de contabilidad, nunca hago los suficientes pero, cansado, enciendo el ocio y rutina. Nadie de interés con quien hablar nada, un e-mail sobre la hipocresía de la web Proverbia, nada en Tuenti y, música o, sin más, rap. Nada más. Nacen sentimientos y necesidad, escribo esto:

Sueño, me envenenas, respiro, mas me nublo, y te pierdo. Mi musa, Sra. Inspiración, huyes tímida porque erré. A veces olvido que careces de hambre, pero debo alimentarte. El olvido que nunca olvido es mi único recuerdo cuando nada significa un suspiro. Y vienes, me tocas, buceas por melodías imaginarias, creas, pero eres egoísta, consumes todo mi tesón en esto. Me siento culpable, te odio, me amas, te quiero, te amo. Eres desconocida cuando escribo. Resbalas por senderos de placer descendiendo, temerosa, hacia el Valle de los Versos Caídos. Hoyas, ladrillos sin colocar, ladrillos colocados formando los cimientos de un castillo, un palacio, pero no es mío, sí de mi imaginación, pero es tuyo. También un lago y un oasis, y a lo lejos avisto una insegura inmensidad desierta que me asusta y voluntario, ignoro. El futuro insípido podría amargarme hoy, puede ahogarme y tú, lloras al ver el efecto que en mí experimenta una mezcla de futuro, presente y pasado, sumado un destino tortuoso y una pereza venenosa, restando nuestro cariño, nuestro compromiso y experiencia que vagan fielmente de la mano de un difícil inexplicable que se llama amor, de la irrazonable felicidad que éste añade y, por qué no, de nuestros besos, de tu saliva, de tus gestos y silencios interminables que me provocan un caos que termino aceptando y así, luego tú lo vuelves a ordenar todo con un abrazo, con una sonrisa unida a caricias en zonas delicadas…se convierten en barniz perfumado, duradero y resistente para todo mal ajeno e impertinentes venenos.

¡Qué hambre! Es la hora de comer.


29-7-2008

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