Sueño, me envenenas, respiro, mas me nublo, y te pierdo. Mi musa, Sra. Inspiración, huyes tímida porque erré. A veces olvido que careces de hambre, pero debo alimentarte. El olvido que nunca olvido es mi único recuerdo cuando nada significa un suspiro. Y vienes, me tocas, buceas por melodías imaginarias, creas, pero eres egoísta, consumes todo mi tesón en esto. Me siento culpable, te odio, me amas, te quiero, te amo. Eres desconocida cuando escribo. Resbalas por senderos de placer descendiendo, temerosa, hacia el Valle de los Versos Caídos. Hoyas, ladrillos sin colocar, ladrillos colocados formando los cimientos de un castillo, un palacio, pero no es mío, sí de mi imaginación, pero es tuyo. También un lago y un oasis, y a lo lejos avisto una insegura inmensidad desierta que me asusta y voluntario, ignoro. El futuro insípido podría amargarme hoy, puede ahogarme y tú, lloras al ver el efecto que en mí experimenta una mezcla de futuro, presente y pasado, sumado un destino tortuoso y una pereza venenosa, restando nuestro cariño, nuestro compromiso y experiencia que vagan fielmente de la mano de un difícil inexplicable que se llama amor, de la irrazonable felicidad que éste añade y, por qué no, de nuestros besos, de tu saliva, de tus gestos y silencios interminables que me provocan un caos que termino aceptando y así, luego tú lo vuelves a ordenar todo con un abrazo, con una sonrisa unida a caricias en zonas delicadas…se convierten en barniz perfumado, duradero y resistente para todo mal ajeno e impertinentes venenos.
¡Qué hambre! Es la hora de comer.
29-7-2008
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