Desde hace varios años me mentalicé de que días como este sólo podían terminar en depresión e inactividad, al menos cuando fuera invierno. Pero hoy no, porque es verano. De hecho, ha salido el sol a medio día y la historia de melancolía con que iba a escribirte se ha esfumado. Así que la escribiré, pero lo haré con mitad nostalgia, mitad devoción.
Ayer una ilusión inmensa relucía cada día y por poco no nos arranca el corazón. Hoy, casi 365 días después, estoy orgulloso de que esta ilusión no me arranque el corazón. Ahora lo acaricia, con más delicadeza, soportando más confianza, cediendo más terreno, y estando más seguro de algo que quizá nunca sabremos a ciencia cierta…porque la ciencia no entiende del corazón o del alma. No hay más prueba de que existe esta ilusión que la observada día a día al mantenerse en clave de constancia la relación. A prueba de golpes, hoy, sigo esperando el día que aguante incluso balas.
A ratos se nota una amargura interior que parece tener razón, que involuntariamente estamos hechos en busca de la perfección y es esa contradicción la que amarga y, muchas veces, hasta envenena, siendo el motivo de fin de tantas relaciones sin acabar.
El ideal de romanticismo, el de aquella pareja que siempre sonríe al mundo, a los problemas, a sus problemas, de mentalidad de no sufrir más porque se vive una vez y sólo ha de ser para disfrutar, y en el momento que se crucen los cables cortar por lo sano con todo y cambiar el rumbo del barco…Suena bien, suena a cambio, a más libertad, más vida y experiencia, cierto progreso, pero, ¿cuándo se tenga un problema con aquella persona con quien se prefirió estar y por la que se abandonó a la anterior, también se va a dejar ésta y a abandonar? ¿Cuál es ese plan de vida? Es cierto que me opongo a muchos muros de la tradición, pero el de la familia, no. Bueno sí, pero solamente a aquella desigualdad entre algunos maridos y mujeres, que resultan ser la mayoría. La unión de dos personas lleva vinculados muchos dolores de cabeza que casi nadie, personalmente creo, se plantean antes de empezar una relación (ni durante y, en todo caso, después de dejarlo). Estar predispuesto a sufrir, muchas veces, hace que todo sea mucho más soportable y llevadero que esperar más que ese acercamiento nuevo a la perfección mediante el cambio de pareja e innovar…me parece un acto inmaduro y que no lleva a ninguna parte, al menos así lo veo y así te intento hacer ver uno de mis principios básicos.
Cuando de verdad te enamoras, lo harás eternamente. ¡Pero no es tan fácil de ver! Lo dijo alguien viejo al ver como el amor de su vida fue a fenecer.
14/7/2008 [Día en que empiezo a escribirte]
No hay comentarios:
Publicar un comentario